Phoenix
br> br>En mayo de 2008, la segunda generación de dos prometedoras misiones estadounidenses a Marte tiene previsto desplegar un módulo de aterrizaje en la región polar rica en agua congelada del norte del planeta, excavar con un brazo robótico el territorio ártico en búsqueda de claves sobre la historia del agua y estudiar hábitats viables para el desarrollo de microbios.
La NASA anunció el 4 de agosto de 2003 su decisión de seleccionar la misión “Phoenix” de la Universidad de Arizona para ser lanzada en 2007, en lo que se espera que sea la primera de una serie de misiones Scout de menor competencia incluidas dentro del Programa de Exploración de Marte de la agencia.
El jefe de la expedición Phoenix es el doctor Peter H. Smith del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona, y la misión debe su nombre al pájaro mitológico que nace de sus propias cenizas una y otra vez. El galardón de 325 millones de dólares estadounidenses que entregará la NASA a la Universidad de Arizona es seis veces mayor a cualquier otro premio de investigación que haya recibido esta universidad en toda su historia.
“La selección de Phoenix pone fin a la reñida competición a la que han concurrido numerosas instituciones durante casi dos años”, dijo Smith. “Me siento más que satisfecho de que haya llegado por fin el momento de poner manos a la obra y trabajar para llevar a cabo esta misión a Marte con éxito."
Phoenix es el resultado de una estrecha cooperación entre varias universidades, centros de la NASA y la industria aerospacial. La responsabilidad de los instrumentos científicos y las operaciones corre a cargo de la Universidad de Arizona, mientras que el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California, se encarga de gestionar el proyecto y de diseñar la misión. La empresa Lockheed Martin Space Systems de Denver construirá y probará la nave espacial, y sus socios canadienses suministrarán los equipos meteorológicos, incluido un innovador sensor láser.
Phoenix posee la capacidad científica “de cambiar nuestra forma de pensar acerca de los orígenes de la vida en otros mundos”, dijo Smith. “Incluso aunque todo el mundo piense que las llanuras del norte son demasiado frías para que exista agua líquida, existen variaciones periódicas en la órbita marciana capaces de producir aumentos de temperatura cada 50.000 años, periodos durante los cuales el hielo podría derretirse y devolver a la vida a organismos que podrían encontrarse en estado latente, (si es que los hay realmente), y dar continuidad a la evolución. Nuestra misión consiste en confirmar si las llanuras del norte constituye realmente un último hábitat viable en Marte."
El módulo de aterrizaje para Phoenix ya estaba construido, y ya se estaban realizando vuelos experimentales dentro del Programa Mars Surveyor 2001, pero éste tuvo que ser cancelado al perderse el contacto con la Mars Polar Lander después de aterrizar cerca del polo sur del planeta en diciembre de 1999. Desde entonces, el módulo 2001 está guardado en un limpio almacén perteneciente a la empresa Lockheed Martin de Denver, y está siendo gestionado por el nuevo Programa de Exploración Marciana de la NASA como activo de vuelo.
La misión, ahora rebautizada Phoenix, llevará versiones mejoradas de las cámaras panorámicas de la Universidad de Arizona y de los instrumentos de análisis volátil que portaba la desafortunada Mars Polar Lander, además de experimentos que se prepararon para el Programa Mars Surveyor 2001, incluido un brazo robótico de apertura de zanjas del JPL (Laboratorio de Propulsión a Chorro) y un instrumento de microscopía química. A esta exhibición de tecnología científica hay que sumar también una cámara fotográfica del descenso y un grupo de aparatos meteorológicos.
La misión tiene dos objetivos. El primero, estudiar la historia geológica del agua, que constituye la clave para desvelar la evolución de los últimos cambios climáticos. El segundo, buscar pruebas de que existe una zona habitable dentro del territorio helado, es decir, la “grava biológica provechosa”.
El brazo robótico de Phoenix extraerá muestras de suelo marciano y las introducirá en unos pequeños hornos que hay en los equipos de análisis de volátiles para someterlos a altas temperaturas y así los miembros del equipo puedan medir la cantidad de vapor de agua y de dióxido de carbono que desprenden, la cantidad de agua congelada que contienen las muestras y la clase de minerales que están presentes y que podrían haberse formado en un periodo climático más húmedo y cálido. Este instrumento, que se llama analizador térmico de gases evolucionados, también será capaz de medir cualquier sustancia orgánica volátil.
Con otro equipo diferente, los investigadores podrán examinar partículas de suelo de hasta 16 micras de diámetro, midiendo la conductividad eléctrica y térmica de las mismas mediante una sonda colocada en la pala del brazo robótico. Uno de los experimentos más interesante es el del laboratorio de química húmeda, dijo Smith.
“Tenemos previsto extraer muestras de suelo, introducirlas en una cámara, añadir agua y agitarlas para medir las impurezas disueltas en el agua que se hayan podido lixiviar. Esto es muy importante, porque si alguna vez el suelo se mojara, entonces sabríamos si los organismos microbianos podrían o no subsistir. Sabríamos si el suelo mojado es superácido o alcalino y salado, o lleno de oxidantes capaces de destruir cualquier vestigio de vida. Queremos hacer experimentos en el medio en que los microbios podrían haber tenido que vivir y crecer”, dijo Smith. br> br>